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La prensa de
la época - no solo la local sino la de todo el país- dedicó una amplia
parte de sus ediciones a informar sobre la tragedia del Sirio y recogió
algunos relatos emocionantes de supervivientes del naufragio. En ellos se
narran escenas de pánico entre los pasajeros y se pone de manifiesto cómo
la lucha por la supervivencia hizo que algunas personas se comportaran
salvajemente.
Martín Hailze era un joven argentino estudiante de Derecho que regresaba
a su país.
"Iba en mi camarote de primera clase escribiendo una carta, cuando
una fuerte sacudida me tiró al suelo y una gritería inmensa me hizo
conocer que alguna terrible desgracia había ocurrido. Pronto supe que habíamos
chocado contra unas rocas submarinas.
Dolorido del golpe que al caer había recibido, subí casi arrastra sobre
cubierta, y el cuadro aterrador que se presentó a mi vista perdurará en
mi memoria por muchos años que viva.
El buque se sumergía de popa rápidamente; los pasajeros corrían como
locos, dando gritos de terrible angustia, llorando unos, maldiciendo otros
y todos llenos de terror.

Esto fue causa de que se cometieran escenas de verdadero salvajismo. Peleábanse
entre sí, hombres y mujeres, por los salvavidas; pero, cómo: a patadas,
a puñetazos limpios, con uñas y con dientes. Hasta vi algunos
esgrimiendo cuchillos.
Un hombre alto y fornido sostenía feroz lucha con una joven de rara
hermosura, casi una niña, a la cual quitó el salvavidas, y con él logró
salvarse.
A bordo del buque iban varios frailes carmelitas y dos obispos. Uno de éstos
bendecía con mística unción a un numeroso grupo de personas, entre las
que había muchas mujeres y dos religiosos, los cuales hincados de
rodillas, impetraban la protección del Altísimo.
Así estuvieron hasta que el agua inundó aquel sitio que era la popa.
Al ocurrir esto, creí llegado mi último momento; pues ni sé nadar ni veía
manera posible de salvarme. Ya había perdido toda esperanza, cuando
observé que el mencionado obispo que lo era de San Pablo del Brasil,
Monseñor José de Camargo, después de bendecir a una hermosa viajera,
que se presentó en cubierta casi desnuda, se arrojaba al mar descendiendo
por una cuerda, y que un salvavidas que llevaba se le caía al agua. Me
arrojé sobre él y así me sostuve hasta que vino a recogerme una lancha
de pescadores.
Por mi acción, aun comprendiendo que no tiene nada de vituperable, siento
remordimientos, por más que trato de acallarlos, haciéndome el
razonamiento de que el señor obispo ya tenía cumplida su misión,
mientras que yo soy joven y..." (EL ECO . 6 de agosto de 1906)
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LOLA MILLANES
El célebre compositor maestro Hermoso, uno de los supervivientes llegados
a la ciudad de Cartagena, contó que en el momento del naufragio se
encontraba junto a la popular tiple cómica Lola Millanes, que viajaba
hacia Buenos Aires para unirse la compañía del no menos célebre barítono
Aristi.
Cuando la situación a bordo del Sirio se hacía más insostenible, Lola
Millanes suplicó al maestro Hermoso que le diera un revólver "para
abreviar con el suicidio la lenta pero inevitable agonía".

El sábado 11 de agosto se conocía la noticia del saqueo del Sirio:
"Del equipaje de la tiple Lola Milanés, que era magnífico, sólo
resta un sombrero, una polvera y dos peinecillos. Las alhajas, los
mantones de Manila, los ricos encajes, cuanto consiguió reunir con el
producto de su trabajo en su larga vida artística, todo se los han
llevado las manos criminales, quedando como prueba innegable del
latrocinio, los cabás abiertos, las maletas rotas a hachazos, los cofres
fracturados..."
El miércoles 22 de agosto el diario El Eco publicaba la noticia de la
aparición en la costa alicantina, en Torrevieja, del cadáver de
"una mujer de contestura fina y elegante, blusa oscura de seda con líneas
blancas y moradas, y encajes, cubriéndose de punto blanco y camisa blanca
con encajes y las iniciales bordadas D.M. enlazadas".
Durante los días y semanas que siguieron a la tarde del naufragio, la mar
fue escupiendo sobre distintas partes de la costa cadáveres y todo tipo
de objetos pertenecientes a los pasajeros, tripulantes y a la propia
embarcación del Sirio. Otros pudieron ser recuperados entre los restos
del navío, en la zona del naufragio. Así, apareció un día un cofre
ocupado en casi su totalidad por ropa de teatro, trajes, "dos
mantones de Manila, uno negro bordado en colores y otro color tabaco
bordado en blanco; cinco sombrillas de lujo, varias faldas de seda y de
terciopelo; zapatos, algunos vestidos de caprichos y muchas cintas y
lazos". El cofre contenía también fotografías, cartas personales y
otros objetos pertenecientes a la tiple, "todo lo cual fue de nuevo
arrojado al mar, por el mal olor que despedía".
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