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El "Sirio" era un trasatlántico a vapor
construido en los astilleros Robert Napier & Hijos, de Glasgow
(Escocia) y botado el 26 de marzo de 1883.
El 19 de junio de ese año partió hacia la que sería su base, Génova,
desde donde zarparía un año después, el 21 de julio de 1884, en el
primero de los que serían en total 135 viajes regulares hacia Río de
Janeiro, Santos y Buenos Aires.
Tenía 129 metros de eslora, 14 de manga y 8 de puntal , dos chimeneas
y tres mástiles, mostrando una silueta elegante que era la envidia de
muchos de los rivales de la compañía propietaria.
Normalmente exhibía el casco pintado de negro y la obra viva de rojo,
aunque en otras etapas de su carrera fue íntegramente blanco.
"Una de las primeras medidas que tomaron los nuevos armadores
al adquirir el Sirio fue someterlo a importantes remodelaciones ...
retirando el propulsor ... que proporcionaba una velocidad de crucero de
10 nudos y una máxima de 13... éste conseguía alcanzar una velocidad de
18 nudos".

Al equiparse su planta propulsora con máquinas cuya fuerza equivalía a más
de 5.300 HP, pudo alcanzar un velocidad promedio de 15 o 16 nudos,
alrededor de 28 a 30 km./hora. Su capacidad era de 1300 pasajeros, que se
dividían entre los 80 de primera clase, 40 de segunda y 1.160 de tercera.
Sin embargo, habitualmente a estos debían agregarse multitud de
inmigrantes ilegales a los que se hacinaba en las bodegas. Por ello no nos
será posible determinar el número de pasajeros que viajaban en el
momento de la tragedia.
Siempre estuvo destinado a la misma ruta, Génova-Buenos Aires, variando
solo las distintas escalas: Barcelona, Cádiz, Islas Canarias, Cabo Verde,
Río de Janeiro, Santos, Montevideo y Buenos Aires, según determinara la
compañía de acuerdo a los pasajes vendidos.
La nave podía cumplir su ruta en quince días -duración promedio del
viaje- aunque era habitual que tardara algo más.
Como veremos -aunque no oficialmente-, se detenía antes de cruzar el Atlántico,
sobre las costas españolas, para recoger inmigrantes ilegales.

Fotos del acto oficial del
centenario del naufragio del Sirio en las costas de Cabo de Palos. Junto a
la Manga.
Cuando a fines del siglo XIX, el gobierno italiano se lanzó activamente a
impulsar la política colonial en África, su marina de guerra debió
arrendar buques mercantes para el transporte de tropas y suministros,
tarea en la que también fue ocupado el "Sirio", hasta que
cumplida esa misión, retornó a su servicio habitual. También contribuyó,
indirectamente, con la defensa de las fronteras argentinas.
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En 1887 el gobierno italiano, presidido por F. Crespi, emprendía un política
colonial en Etiopía, y la Marina italiana se sirvió de 16 buques
mercantes, entre ellos el Sirio, para el transporte de las tropas. A esta
etapa pertenece el episodio del abordaje al Sirio por la fragata argentina
Presidente Sarmiento que en diciembre de 1899 realizaba un largo viaje por
los mares.
"El agravamiento de las relaciones con Chile provocó cambios en el
itinerario. Recibieron la orden del Ministerio de Marina de desembarcar a
los cadetes en Gibraltar, quienes abordaron el vapor italiano Sirio, el 19
de diciembre, junto con gran parte de la oficialidad y marineros, con
destino a Buenos Aires, donde llegaron el 8 de enero".
Tras este paréntesis, el Sirio volvería a su línea regular entre Génova
y las Américas con escalas en los puertos españoles de Barcelona y Cádiz.
El día 2 de agosto de 1906 el Sirio partió del puerto ligur repleto de
emigrantes que abandonaban sus hogares y el hacinamiento de sus ruinosos
centros urbanos para buscar, lejos de los suyos, una esperanza de vida en
las Américas. La tarde del día 3 el Sirio atracó en Barcelona, donde,
según datos oficiales, embarcaron 86 pasajeros - otras fuentes hablan de
94, otras de sólo 75 -, entre ellos 50 españoles, la mayoría catalanes.
Estas mismas fuentes cifraban en 822 el número total de personas a bordo
del Sirio, aunque, a tenor de la descripción del pasaje, debieron ser
bastantes más. Constituían éste veinte pasajeros de primera clase,
cincuenta de segunda y seis ranchos de tercera clase, compuestos, cada uno
de ellos, por noventa personas. Pero si se tiene en cuenta que, en los
ranchos, los niños eran contados de cuatro en cuatro como una sola
persona, y que en ellos viajaban casi exclusivamente los emigrantes y
entre ellos había familias enteras con un gran número de hijos pequeños,
el número total de pasajeros debió superar con creces el millar. Si además
hacemos caso de las historias sobre emigración ilegal, pagos a
carabineros y a marineros, sobornos y capitanes corruptos, la cantidad
pudiera muy bien duplicarse fácilmente.

Fotos del acto oficial del
centenario del naufragio del Sirio en las costas de Cabo de Palos. Junto a
la Manga.
El buque y sus partes
Se denomina buque al barco dotado de cubierta y que, por su tamaño,
solidez y fuerza, es adecuado para navegaciones de importancia. El
elemento constitutivo principal de un buque es el casco. Éste, que a
partir del siglo XIX es casi siempre metálico, está formado por una viga
longitudinal muy resistente llamada quilla y que va, de proa a popa, en la
parte central más baja. En ella se insertan transversalmente las varengas
y las cuadernas. Las cuadernas o costillas son unas piezas curvas que dan
fuerza al buque y sostienen las placas metálicas exteriores del casco.
Las varengas son las partes inferiores, y están unidas entre sí mediante
tramas longitudinales o sobrequillas. Unas vigas transversales, llamadas
baos, se encargan de unir las cuadernas entre sí. La parte exterior del
casco es el forro. Está formado por tablas de madera o planchas de hierro
y colocado sobre las cuadernas. Las partes curvas del costado se denominan
amuras - las de proa- o aletas - las de popa -.
La línea de flotación es la intersección del plano del nivel del agua
con la superficie exterior del casco, es decir, la línea en la cual la
superficie del agua baña la nave, y varía, evidentemente, según la
carga del buque. La línea de flotación divide el buque en obra viva -
parte sumergida, también llamada carena, quilla o fondos- y obra muerta -
parte superior, emergente -.
Los puentes son los planos horizontales que dividen el casco de proa a
popa. Suelen numerarse de arriba abajo como primer puente, segundo,
tercero, etc., correspondiendo el primero con la cubierta o puente de
mando. En los barcos de pasaje suelen distinguirse las diversas cubiertas
por orden alfabético desde la principal hasta el plan, y las superiores
por su cometido: cubierta de pasaje - exclusiva para el pasaje -, de
botes, de toldilla, del puente, magistral. Las aberturas practicadas en
los puentes para acceder al espacio inferior e introducir la carga en las
bodegas se llaman escotillas; y las destinadas a dejar entrar la luz,
claraboyas. Las aberturas exteriores del casco son los ojos de buey y
cierran herméticamente.
La bodega es el espacio interior del buque, destinado a acoger la carga; y
la sentina es la zona más baja de la bodega, donde van aparar las aguas
que, por cualquier motivo, puedan penetrar en el casco.
En el interior, correspondiéndose con la chimenea, se sitúa la sala de máquinas,
donde está alojado el motor. El interior del barco está dividido en
compartimentos separados por mamparas que, al poder cerrarse, aseguran la
flotabilidad del buque en caso de una vía de agua. El compartimento
situado a proa, llamado mampara de abordaje, es el más importante.
Los buques cuentan además con un conjunto de elementos que facilitan la
navegación, dan seguridad y ofrecen distintos servicios y que se denomina
armamento. Sobre las cubiertas superiores se sitúan los botes salvavidas.
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