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EL "UMBRÍA", LOS "LAUDES" (27) Y
OTRAS NAVES ¿AL RESCATE?
"Quattro barche da pesca correvano / in aiuto dei nostri fratel
/,e fra tanto il vapor si batteva,/ per ogni istante la morte
trovar."
El "Umbria" era un buque italiano que atravesó la zona poco
después de la tragedia. Su capitán Barabino manifestó que, ajeno al
naufragio, vio un vapor con buena parte de su popa hundida dos brazas por
debajo del mar y destacó inmediatamente botes para que reconocieran la
situación. Habiendo procedido de esta forma y una vez informado Barabino,
los tripulantes volvieron al "Sirio" y penetrando en su
interior, hallaron anegada la popa hasta el cuarto de máquinas y libre el
resto del buque. Una vez producido el encalle, la carga debió
desacomodarse precipitándose sobre ese extremo. No encontraron a nadie
vivo, aunque les pareció ver algún cadáver flotando en la parte
anegada.

Por hallarse inclinado sobre babor, el capitán del "Umbria"
supuso que debía marchar a toda velocidad cuando tropezó con las rocas,
creyendo además que podrían haberse salvado todos, teniendo en cuenta
que el naufragio ocurrió sólo a 1.500 metros de la costa. Al recorrer el
"Sirio" halló en el puente la gorra y unos gemelos de su capitán
lo cual era, a su juicio, un indicio evidente de que después de chocar
quedó empotrado entre las rocas como con sus propias anclas: "... manifestando
que destacó botes para recorrer las islas de las costas, y al no hallar náufrago
alguno prosiguió entonces su viaje. Cree que podrá salvarse parte de su
cargamento antes de que los fuertes temporales destrozasen al Sirio, pero
que éste difícilmente podrá ser extraído de las rocas",
informan los periódicos.
El "Marie Louise" era un navío francés de cabotaje al mando
del capitán Colomer que realizaba la travesía entre Alicante y el puerto
argelino de Orán. A primera hora de la tarde de ese sábado había
partido de Cartagena, y a las cuatro se encontraba a la altura del
"Sirio" siendo el testigo más directo del naufragio. Pudo
recibir a bordo una cantidad más importante de náufragos, pero se limitó
a recoger 29, virando hacia Alicante inexplicablemente y apartándose de
la zona mientras muchos pasajeros, que se habían arrojado al mar al ver
que el "Marie Louise" se dirigía hacia ellos, luchaban
desesperadamente entre las aguas. Hubiera podido evitar muchas muertes,
pero se desentendió de su desgracia.
El 8 de agosto el "Marie Louise" atracaba nuevamente en
Cartagena procedente de Alicante, donde había desembarcado a 18 náufragos,
trayendo a los 11 restantes: 9 italianos, un árabe y un argentino. Los 10
familiares que viajaban con el árabe se habían ahogado. Uno de los
italianos había perdido la razón: aseguraba que su desaparecida familia
iba en otro barco y que todos lo estaban esperando allá en Buenos
Aires...
Días después, los periódicos reproducían una carta de 14
sobrevivientes que protestaban por el incorrecto comportamiento del capitán
del "Marie Louise" y señalaban que no podía ser parangonado
con el de los valientes y humanitarios pescadores de Cabo de Palos, porque
"en todo caso -decían- podría compararse con el vergonzoso
proceder de la torpe y cobarde tripulación del infortunado -Sirio-".
El "Poitien" también negó auxilio a los náufragos, por temor
a varar si se aproximaba a los bajos. Otros en cambio, enviaron sus botes
a recoger a los náufragos sin medir los peligros. El laúd "Joven
Miguel", que conducía el alicantino Vicente Buigues, consiguió
salvar un importante número de personas, abordando con sus hombres al
"Sirio" luego de atracarlo.(29) Dada la hora en que se produjo
el naufragio y las condiciones de ese día veraniego, veraneantes,
pescadores y marineros estaban todos en la playa.
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EL MARIE LOUISE
"Varios buques navegaban en la zona en aquellos momentos. Hasta la
playa llegaba el ruido de la máquina alternativa del vapor de carga francés
María Luisa, un pequeño mercante que acababa de zarpar de Cartagena y
navegaba hacia el Norte rumbo a Alicante. Desde el puente de mando del
buque el capitán francés observó dos pequeñas embarcaciones de vela,
un falucho y un pailebote, que aprovechando la ligera brisa que estaba
comenzando a levantarse navegaban de bolina para doblar el cabo de Palos y
arrumbar a Cartagena. Ambas se encontraban por su través de babor. Más
hacia tierra se distinguía la airosa silueta de un vapor correo que
navegaba a toda máquina lanzando nubes de vapor por sus dos largas
chimeneas. El capitán del María Luisa, un viejo veterano de la línea
Marsella‑Orán y buen conocedor de aquellas aguas, se extrañó de
que un buque de tanto porte navegase a tal velocidad (al menos 15 nudos) y
tan pegado a tierra en un lugar con tantos bajos como aquél."
("Los grandes naufragios españoles". Fernando José García
Echegoyen)
El vapor Marie Louise era un buque francés de cabotaje que a principios
del siglo XX realizaba la travesía entre Alicante y el puerto argelino de
Orán.
A primera hora de la tarde del sábado día 4 de agosto de 1906 el Marie
Lousie había partido del puerto de Cartagena, donde hizo escala, rumbo al
de Alicante. Justo a las cuatro de la tarde se encontraba bastante cerca
de las islas Hormigas, a la altura del siniestrado Sirio, y fue, por
tanto, el testigo más directo del naufragio. Sin embargo, su ayuda se
limitó a recoger a 29 náufragos y partir rápidamente hacia Alicante.
Sin duda, el Marie Louise hubiera podido evitar él solo la mayoría de
las muertes.
El día 8 de agosto, el Marie Louise atracaba nuevamente en Cartagena
procedente de Alicante, trayendo a once de los náufragos recogidos: nueve
italianos, un árabe y un argentino. Los otros dieciocho pasajeros del
Sirio que había recogido de la mar se quedaron en Alicante El pasajero árabe
perdió en el naufragio a los diez miembros de su familia que le acompañaban.
He aquí las declaraciones que el capitán del Marie Louise, J. Colomer,
realizó al diario de la tarde EL ECO de Cartagena:
" Al acercarme al buque náufrago, noté que había varado en el bajo
que existe a unos cinco cables de distancia de la isla de la Hormiga,
ofreciendo parte de la popa sumergida en el mar y la proa muy levantada.

Sobre las aguas vimos flotar a infinidad de infelices náufragos, que
luchaban por asirse a trozos de tablas, maderos, sillones y cuantos
objetos se hallaban esparcidos por el mar.
Los tripulantes del Marie Lousie desplegaron heroicos esfuerzos para
salvar de la muerte a aquellos desgraciados, largando cabos y arriando los
botes, pero la fatalidad hizo que en dichos momentos se rompiese la
chabeta del timón, quedando el Marie Louise sin gobierno, viéndome
precisado a ordenar dar máquina avante y separarme de aquellos lugares ínterim
se reparaba la avería."
Sin embargo, el Marie Lousie llegaba horas después a Alicante sin ningún
problema, sin rastro de avería y en el tiempo previsto. A su llegada,
Colomer hizo estas declaraciones a la prensa:
"De improviso el buque italiano paróse bruscamente. Profundamente
alarmado con los prismáticos advertí que el vapor había embestido al
bajo quedando sobre él con la proa levantada y la popa al nivel del mar.
Entonces me dirigí al barco en peligro a toda velocidad. En aquellos
momentos de terrible ansiedad estallaron las calderas del Sirio levantando
una montaña de agua. Aún no estábamos cerca del buque naufragado y ya
las olas nos traían cadáveres, algunos todavía trágicamente abrazados
y otros moribundos que movían penosamente los brazos como en demanda de
socorro y se hundían para volver a la superficie, Con la presteza que el
caso requería comenzamos a recoger náufragos. Por todas partes las voces
de angustia reclamaban nuestro auxilio. En los primeros momentos y con los
botes arrojando cabos pudimos recoger 25 personas, casi todas ellas
desfallecidas y muchas enloquecidas por el espanto.
Más tarde pudimos recoger otros 19 que son los que han desembarcado en
Alicante. Los primeros los enviamos en botes a las islas Hormigas. Uno de
aquéllos ha perdido la razón. Es un infeliz emigrante que iba con toda
la familia, la esposa y seis hijos, a América. Sólo él ha quedado vivo
pero en estado de locura completa. Cuando se recuperó del desmayo que
sufría nos dijo con toda tranquilidad que su esposa e hijos iban en otro
barco y que todos se reunirían allá en Argentina."
Días después, el periódico LA PUBLICIDAD de Barcelona publicaba una
carta firmada por catorce náufragos supervivientes del Sirio en la que
protestaban por el incorrecto comportamiento del capitán del Marie Louise
y señalaban que no podía ser comparado con el de los valientes y
humanitarios pescadores de Cabo de Palos, "en todo caso -decían-
podría compararse con el vergonzoso proceder de la torpe y cobarde
tripulación del infortunado Sirio". Se quejaban los firmantes del
abandono en que se vieron en aquellos momentos de angustia, y señalaban
que fue el Marie Louise "quien llegó en primer término al lugar del
siniestro y quien disponía de más elementos para prestar socorro; pero a
pesar de todo, él fue quien menos víctimas arrancó al mar, limitándose
su acción salvadora a recoger a unos muy pocos náufragos que, a costa de
grandes esfuerzos, consiguieron llegar hasta el casco del buque, y algunos
otros recogidos en uno solo de los botes que el barco tenía, pues por
causas desconocidas el otro permaneció amarrado en su puesto".
Muchos pasajeros del Sirio se habían arrojado al mar al ver que el Marie
Louise iba en dirección hacia ellos. Pero entonces, inexplicablemente, el
buque francés viró y se apartó de la zona de la catástrofe, donde los
náufragos luchaban desesperadamente con el mar para evitar la muerte. El
Marie Louise pasó de largo cerca de ellos desentendiéndose de su
desgracia.
Otro buque francés, el Poitien negó auxilio a los náufragos del Sirio
por miedo a varar sus naves al aproximarse.

"UN HOMBRE SIN CORAZÓN"
"La conducta observada en el salvamento de náufragos por el capitán
Colomer no tiene ninguna semejanza con la del heroico Boigues, en todo
caso podría compararse con el vergonzoso proceder de la torpe y cobarde
tripulación del infortunado Sirio.
Los catorce náufragos españoles que en el vapor Diana hemos venido de
Cartagena, testigos y víctimas al mismo tiempo de aquella horrible catástrofe,
deben condenar y condenan severamente la conducta incalificable de dicho
capitán, abandonándonos a nuestra suerte en aquellos momentos de
terrible angustia, y protestamos con todas nuestras energías de tan
inmerecidos elogios y de tan absurda recompensa.
El fue quien llegó en primer término al lugar del siniestro y quien
disponía de más elementos para prestar socorro; pues a pesar de todo él
fue quien menos víctimas arrancó al mar, limitándose su acción
salvadora a recoger unos muy pocos náufragos que a costa de grandes
esfuerzos consiguieron llegar hasta el casco de su buque, y algunos otros
recogidos en uno solo de los botes que el barco tenía, pues por causas
para nosotros conocidas, el otro permaneció amarrado en su puesto.
Hemos de advertir que, cuando el Marie Louise estuvo a nuestra vista y venía
en dirección al Sirio, muchos pasajeros, viendo allí su salvación
segura, se arrojaron al mar con la esperanza de ser los primeros
socorridos; el barco entonces viró notablemente del lugar de la catástrofe,
donde los náufragos luchaban con la desesperación entre la vida y la
muerte; no les hizo caso, pasó de largo y mucho de aquellos infelices
sucumbieron inicuamente por negligencia o por culpa de un hombre sin corazón."
(LA PUBLICIDAD de Barcelona. Carta de catorce náufragos catalanes. Agosto
de 1906.)
EL UMBRÍA
El Umbria era un vapor italiano que atravesó la zona de las islas
Hormigas horas después de la tragedia del Sirio. Su capitán, Barabino,
realizó estas declaraciones a un periódico español:
"El capitán del Umbria me ha manifestado que al pasar junto a los
islotes de las Hormigas, bien ajeno al naufragio del Sirio, vio un vapor
embarrancado con buena parte de su popa dentro del mar y lo restante de la
embarcación al aire.
Al reconocer que el vapor náufrago era italiano, destacó inmediatamente
botes para saber de lo que se trataba.
Poco tiempo después supo que era el Sirio el vapor embarrancado, el cual
tenía parte de la popa hundida dos brazas por debajo del agua.
Los tripulantes del Umbria, después de informar a su capitán acerca de
la nacionalidad del vapor náufrago, volvieron a éste y penetraron en el
interior del mismo, hallando anegado el departamento de popa hasta el
cuarto de máquinas y libre la restante parte del buque.
Dijeron además a su capitán que no había persona alguna viviente dentro
del Sirio, y que les pareció ver algún cadáver en la parte anegada del
mismo. Por hallarse el Sirio inclinado sobre el costado de babor, el capitán
del Umbria supone que aquél debía marchar a toda velocidad cuando tropezó
con las rocas submarinas que abrieron los fondos del Sirio, por donde rápidamente
penetró el agua al interior, hundiéndose entonces este barco por la popa
y quedando sólidamente empotrado entre las rocas.
Como quiera que, dice el capitán de referencia, la carga debió correrse
precipitándose sobre la popa, la proa quedó al aire y el barco en la
posición que actualmente se halla. Cree además que si hubiera habido
serenidad se podría haber salvado todo el pasaje, máxime si se tiene en
cuenta que el lugar del naufragio sólo dista 1.400 metros de la costa.
El capitán del Umbria ha expresado también que al recorrer el Sirio halló
en el puente la gorra y unos gemelos del capitán de este barco lo cual es
un indicio evidente, a juicio del dicente, de que el Sirio, después de
chocar con los bajos no sufrió sacudimiento alguno quedando empotrado
entre las rocas como sus propias anclas.
Y el capitán del Umbria terminó su relato manifestando que destacó
botes para recorrer las islas de las costas, y al no hallar náufrago
alguno prosiguió entonces su viaje. Cree que podrá salvarse parte de su
cargamento antes de que los fuertes temporales destrozasen al Sirio, pero
que éste difícilmente podrá ser extraído de las rocas."
EL ADRIA Y EL ORIONE
A las nueve de la mañana del jueves 9 de agosto arribó en el puerto de
Cartagena el vapor Adria para recoger a aquellas personas que quisiesen
regresar a su puerto de origen. Pero la mayoría de los náufragos se negó
a subir a bordo del barco ya que la sola idea de ver el mar les causaba pánico.
Su deseo era regresar a Italia por tierra. Argumentaron además que el
Adria era un barco demasiado pequeño para alojarlos convenientemente y
que sus condiciones para la navegación eran malas. - Sobre el Adria
pesaba una larga historia de desventuras en el mar, hasta el punto de que
los armadores se habían visto en la necesidad de cambiarle su primitivo
nombre -.
El cónsul general de Italia, Ildefonso Banus, amenazó a los náufragos
diciéndoles que si no partían en el Adria quedarían en Cartagena
abandonados a su suerte, - suerte que, sin duda, sería mejor que viajar
en el buque de la compañía genovesa -.
Finalmente, la Compañía General de Navegación Italiana La Veloce de Génova
decidió enviar otro buque, el Orione, en el que partieron rumbo a Génova
105 supervivientes del naufragio del Sirio.
El sábado día 11 llegó al puerto de Cartagena procedente de Génova y
Barcelona otro buque de La Veloce. En el Italia embarcaron 310
supervivientes con destino a Montevideo y Buenos Aires. La mayoría de los
náufragos españoles había regresado ya a su casa durante los días
anteriores costeándose su billete de tren.
Dos días después, el lunes 13, fondeó en el puerto de Cartagena el
vapor Ravenna, de la misma compañía genovesa que los anteriores. Al día
siguiente, martes, por la tarde, partió rumbo a Brasil llevando abordo a
72 pasajeros náufragos del Sirio.
El Adria, primer buque en llegar a Cartagena y último en partir, no lo
haría hasta el miércoles día 15. En Cartagena quedaron únicamente
algunos enfermos y varias personas que se negaron rotundamente a volver a
viajar por mar.
Dos meses después, el día 12 de septiembre, partiría hacia Italia
posiblemente la última náufraga que permanecía en la ciudad de
Cartagena. Era una mujer joven que se dirigía al Brasil en compañía de
su madre para buscar trabajo. Tras perder a su madre en el siniestro, fue
recogida por la familia de un humilde obrero cartagenero, en cuya casa fue
alojada y cuidada hasta esa fecha.
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