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Restos del barco
El día 12 de octubre
aparecieron en la playa de Agua Amarga algunos de los últimos restos del
Sirio, así descritos en su día en la prensa local:
"Un barril vacío de ocho arrobas de cabida, otro idéntico de
cuatro, otro idéntico para agua, dos tinas, el timón de un bote, un
remo, una cubierta de tambucho de cámara, un mamparo de cocina, dos
asientos de botavara, un cuartel de tambucho, dos cuarteles de escotilla,
ocho barras de cabrestantes, una escala de gato, un mazo de madera, una
cubierta de tambucho, una pantalla de farol de situación, y once trozos
de madera de obra muerta y pintadas color plomo".
EL ECO de Cartagena.
EL FINAL DEL SIRIO
"El vapor Sirio se ha partido en dos mitades, y una de ellas, la
parte de popa, se ha hundido en el mar a una profundidad de cuarenta
metros. A consecuencia del hundimiento son muchos los cadáveres que han
aparecido: pasan de cuarenta."
EL ECO de Cartagena. 14 de agosto de 1906.
A las once de la mañana del lunes día 13 de agosto los tripulantes de
una embarcación de la escamparía de guerra, que realizaban el servicio
de vigilancia en las proximidades del Sirio, escucharon un terrible
estruendo y vieron como el buque naufragado terminaba de partirse en dos
mitades, hundiéndose dos tercios del mismo a una profundidad de 40
metros. La zona de proa no se hundió por encontrarse empotrada en la
aguja del bajo de las Hormigas.
Al producirse la partición del buque y el hundimiento de su popa,
comenzaron a salir decenas de cadáveres, muchos de los cuales fueron rápidamente
arrastrados por la corriente. A continuación, el fétido y penetrante
olor se extendió por la zona e hizo imposible la permanencia en los
alrededores.

Aparte de las decenas de cadáveres que fueron apareciendo en la costa de
Cabo de Palos, se encontraron otros muchos en puntos lejanos al siniestro:
En la playa del Cequión, en Torrevieja, apareció el cadáver de una
mujer delgada y elegante. Vestía blusa obscura de seda con adornos
blancos y morados, con encajes, y llevaba las iniciales D.M. bordadas. Fue
identificada como la tiple Dolores Milanés.
El día 21 de agosto apareció en la playa de Cueva Lobos, en Mazarrón,
el cadáver de un hombre de unos cincuenta años, estatura media, calvo,
con bigote rubio y bien vestido con la americana de la marina mercante
italiana. Resultó ser el comisario regio que viajaba en el Sirio.
El domingo 19 unos bañistas encontraron en la playa de Guardamar, en
Alicante, otro cuerpo muerto que no pudo ser identificado.
Varios días después aparecieron en la playa de Aguilas los cadáveres de
tres mujeres y un niño. No pudieron ser identificadas por encontrarse en
avanzado estado de putrefacción.
El sábado 25 de agosto llegó hasta la Algameca, en Cartagena, el cadáver
de un joven de unos quince años al que faltaban las extremidades.
Durante las semanas siguientes continuaron apareciendo más cadáveres en
playas de Santa Pola, Torrevieja y otros puntos de las costas alicantina y
cartagenera. Pero el hallazgo más sorprendente fue la aparición de un
sacerdote que llevaba una sotana con vivos morados y que no podía ser
otra persona que el obispo de San Pablo del Brasil. Su cadáver apareció
en la costa africana, cerca de la población de Marsa-El-Kebir (Puerto
Grande), en el Golfo de Orán.
Sin embargo, el Sirio tenía previsto hacer escala, pues así se anunciaba
en los distintos puertos, en Aguilas, Almería, Cádiz y Las Palmas.
De haber conocido esta circunstancia, muchos de los pasajeros españoles
habrían viajado en el trasatlántico español León XIII.
El afán por ganar tiempo y ahorrar combustible, el tráfico ilegal de
pasajeros y la actitud temeraria e irresponsable de un capitán tuvieron
como consecuencia la muerte de más de 400 personas, la pérdida -para los
supervivientes- de seres queridos, pertenencias e ilusiones, y el
hundimiento de un buque: el Sirio.
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