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El transporte
de pasajeros había experimentado un singular aumento desde mediados del
siglo XIX. La creciente demanda exigía mejoras en los barcos. A la
introducción del metal en la construcción del buque se unió el aumento
del tamaño. Los trasatlánticos multiplicaron sus comodidades: piscinas,
bares, cines, bibliotecas, bancos, garajes... -sólo al alcance de unos
pocos-, y multiplicaron también el hacinamiento de los proletarios en las
bodegas y en las sentinas.
La velocidad se convirtió en obsesión de
compañías y capitanes. Con la Cinta Azul -galardón concedido al navío
más rápido en cubrir la travesía entre Europa y América- se entabló
una lamentable carrera que traería muchas veces fatales consecuencias.
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de Palos con la ayuda de
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SEGURIDAD
En la Antigüedad existían escasas medidas de seguridad -examen de los
buques, limitación de la carga, etc.- para evitar los naufragios y se
interpretaban éstos como castigos de los dioses. La literatura y las
leyendas tomaron con frecuencia como tema estos desastres que en su tiempo
constituían un peligro casi constante en las travesías.
El número de muertos en naufragio en los primeros años del siglo XX era
de aproximadamente un 0'0010 134712360el total de pasajeros a bordo y el número
de barcos naufragados del 0'50 0e embarcaciones existentes.
He aquí una pequeña muestra de los naufragios más importantes ocurridos
entre finales del siglo XIX y principios del XX:
1880. Entre enero y marzo y en un punto desconocido del Atlántico
desaparece el buque escuela Atalanta con 300 guardiamarinas.
1881. El vapor inglés Victoria se hunde en las costas del Canadá y
mueren 700 ocupantes.
1883. El vapor inglés Teuton se hunde el 31 de agosto en las proximidades
de las costas de Águilas (Murcia). Mueren 260 personas.
1883. El vapor alemán Cimbria es abordado cerca de Gibraltar. 574
muertos.
1884. La corbeta crucero alemana Sophie choca con otra embarcación y va a
pique.
1885. El 30 de enero el vapor alemán Elba resulta abordado en el mar del
Norte y mueren 352 personas.
1885. La corbeta crucero alemana Augusta desaparece en el Golfo de Aden.
1893. El buque inglés Victoria naufraga el 22 de junio delante de Trípoli
y mueren 358 personas.
1895. En marzo, el crucero español Reina Regente desaparece en aguas del
Estrecho de Gibraltar con sus 401 pasajeros.
1896. El vapor alemán Salier se hunde en las costas españolas con 280
personas.
1896. Un cañonero alemán, el Iltis, encalla en la costa de China el 23
de julio y mueren 85 personas.
1901. El vapor alemán Alerta naufraga junto a la isla de Manila. 200
muertos.
1901. El 23 de febrero se hunde el vapor inglés City of Rio de Janeiro
cuando entraba en el puerto de San Francisco. 139 muertos.
1902. El vapor de recreo Primus choca con el Elba inferior el 20 de julio
y mueren 109 personas.
1904. El buque danés Norge naufraga junto a Bockhall el 28 de junio y
mueren 620 ocupantes.
1904. El 15 de junio el vapor de recreo General Hocum resulta incendiado
cerca de Nueva York. Mueren 959 personas.
1906...
...el 4 de septiembre, justo un mes después del naufragio del Sirio el
diario El Eco de Cartagena publica un artículo escrito por el maquinista
de la Armada Pedro Cánovas Vila con el título:
La organización y disciplina a flote
"Cuando el desgraciado accidente del crucero Cardenal Cisneros en los
bajos Meixidos, unos cuanto minutos bastaron para que hasta el último
individuo de su disciplinada tripulación escapase sano y salvo del
naufragio de aquel hermoso buque.
Cuando la colisión en las aguas de Siria entre los acorazados ingleses
Camperdown y Victoria, que tuvo por resultado el hundimiento del segundo,
medio millar de hombres que formaban la tripulación, serenos y atentos a
las órdenes de sus oficiales, formaron sobre cubierta sin la menor
vacilación, a pesar de la escora que por momentos tomaba el buque, y ni
uno solo saltó al agua en busca de personal salvación, hasta que la
precisa y terminante orden del Comandante fue dada para ello.
En ambos citados casos la organización y disciplina fueron las únicas
razones de tan severa conducta; esta organización y disciplina no sería
justo esperarla del pasaje de un buque de transporte de la Marina
mercante, pero sí puede exigirse de los armadores en cuanto a los
elementos con que deben ser dotados los buques, y especialmente aquellos
dedicados al transporte de grandes masas de seres humanos, para la debida
protección en caso de accidentes, de sus tripulantes y pasajeros.
El triste naufragio del vapor italiano Sirio a las 4 de la tarde de un día
hermoso, con mar llano y a tres cuartos de milla de tierra firme, es una
de esas catástrofes en que no han brillado las más elementales
organización y disciplina..." Pedro Cánovas Vila. Maquinista de la
Armada. Cartagena, 4 de septiembre de 1906.
Si dejamos a un lado extrañas desapariciones como las de los buques Reina
Regente y Atalanta, en la mayoría de los casos el naufragio se producía
por colisión ya sea con un escollo o con otra embarcación.
Los primeros buques a vapor comenzaron a navegar a principios del siglo
XIX. El primer navío movido exclusivamente a vapor que realizó la travesía
entre América y Europa fue el Royal William en 1833.
Poco a poco los buques de vapor desplazan a los veleros. Al independizarse
de los vientos, los buques podían prefijar con toda seguridad la fecha de
llegada a los respectivos puertos. La sustitución de los cascos de madera
por los de hierro y posteriormente por los de acero supone un avance
revolucionario. Los cascos de madera estaban sometidos a unos límites físicos
en el tamaño más allá de los cuales disminuía peligrosamente la
seguridad del navío, pues sus cubiertas quedaban expuestas a partirse
bajo el embate de violentos golpes de mar. Los cascos de hierro o acero no
tienen otra limitación física que la impuesta por el calado, es decir,
la profundidad de las aguas de los puertos.
El primer buque a vapor con casco de hierro que cruzó el Atlántico fue
el Great Britain en 1845.
El incremento del transporte de pasajeros a finales del XIX conllevó
importantes mejoras en los buques, pero también aumento del tamaño y
aumento de la velocidad. Pero los naufragios continuaban y las empresas
aseguradoras y clasificadoras, los convenios internacionales y los
diferentes gobiernos fueron dictando normas de seguridad que, por lo
general, solían ser incumplidas.
A principios del siglo XX comenzó a aplicarse el sistema Stone Lloyd que
supuestamente hace a los buques insumergibles. Consistía en la división
del barco en una serie de compartimentos estancos separados por puertas de
acero que podían ser abiertas o cerradas desde el puente de mando una a
una o todas o varias simultáneamente. De esta forma se impedía el paso
del agua de la zona averiada al resto.
Si bien es cierto que el vapor Sirio carecía del sistema Stone Lloyd, que
la mayoría de sus pasajeros eran mujeres y niños, que prácticamente
nadie sabía nadar y que muchos pisaban un barco por primera vez - y última-
en sus vidas, resulta del todo injustificable que en una tarde de verano
con el mar en calma y a tres cuartos de milla de tierra firme murieran 250
personas, y más que habrían perecido a no ser por la ayuda de los
pescadores de Cabo de Palos.
Así lo expone Pedro Cánovas Vila, maquinista de la Armada, en el artículo
al que nos referíamos anteriormente:
"Por testigos oculares sabemos que desde el momento en que el Sirio
encalló sobre el bajo de las Hormigas, hasta que su parte de popa quedó
sumergida, de diez a veinte minutos transcurrieron. Al escribir estas líneas
tengo delante de mí una fotografía del Sirio tomada 5 días después de
encallado el vapor, y se le ve elevado sobre las aguas y en seco en una línea
formada desde el guardacalor de la chimenea de popa hasta proa, con todos
los toldos tendidos y sus cenefas hechas firmes, que hubieran servido de
cajas mortuorias a los tripulantes y pasajeros que se hallasen sobre
cubierta, si se hubiera hundido la nave en su totalidad, conforme los
toldos y cenefas de popa lo fueron para los que desgraciadamente se
hallaban en aquella sección del barco, diez o veinte minutos después de
la varadura. Dicha fotografía muestra también los botes de costado de
babor enganchados a sus pescantes y descansando sobre sus caballetes de
cubierta, lo cual prueba que no se hizo esfuerzo alguno para
flotarlos".
Las investigaciones llevadas a cabo en Génova por la compañía
propietaria del vapor Sirio confirman la ausencia de seguridad en el buque
siniestrado. Una comisión oficial estuvo a bordo del Orione, buque
hermano gemelo del Sirio, con objeto de comprobar la disposición de los
elementos de salvamento en el vapor. Se hizo un simulacro de emergencia y
se dio la orden de echar un bote al agua. Transcurrida media hora y al no
haberse conseguido ejecutar la acción, la comisión optó por retirarse.

El maquinista de la Armada Pedro Cánovas proponía en su artículo una
serie de medidas para la seguridad en el transporte marítimo de
pasajeros:
1. Dotar a sus naves con un número de chalecos salvavidas igual a un 1250
el máximo de seres que, entre tripulantes y pasajeros, puedan en
cualquier caso embarcar en cada nave.
2. Que dichos chalecos salvavidas estén repartidos en sitios cómodos en
todos los alojamientos, y el 25(null)obrante en sitios de fácil acceso
sobre cubierta.
3. Que a la cabeza y pie de todas las escalas, en el interior del barco,
salones, comedores y demás sitios visibles, se fijen cuadros en los tres
o cuatro idiomas más usuales del mundo, con instrucciones para el uso de
los chalecos salvavidas e indicando los sitios del barco donde están
depositados.
4. Que una comisión compuesta por el capitán, sobrecargo, médico y
cura, donde este último existiese, enseñase a los pasajeros en el primer
día de viaje la forma y manera de ajustarse los salvavidas. Esta media a
los despreocupados les parecerá un tanto exagerada, pero la experiencia
tiene demostrado que en la mayor parte de los casos el desconocimiento del
uso del salvavidas ha causado innumerables víctimas.
5. Que los capitanes de puerto de todos los países deben estar
autorizados por leyes internacionales para visitar los buques de pasaje y
obligar al capitán a que delante de ellos ordene a la tripulación echar
todos los botes al agua e imponer las multas que se determinen a aquellas
naves en que se encuentren los botes o tripulaciones deficientes para
dicha operación.
6. No subvencionar ninguna línea de pasaje cuyos buques no estén dotados
de la instalación Stone Lloyd o una de sus similares.
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