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No todas eran malas noticias. En los diarios del 7 de
agosto se publicó que las hermanas Ángela y Elisa Ferrera, de 11 y 15 años
de edad, se reencontraron con su madre, a la que ya daban por perdida en
el mar, pero que había sido desembarcada en Alicante. El cónsul de
Austria-Hungría en Río de Janeiro, Leopoldo Politzer, pudo salvarse pero
perdió 27.000 francos que llevaba para sus actividades diplomáticas.
Por la mañana del jueves 9 de agosto arribó a Cartagena el vapor "Adria"
para recoger a aquellas personas que quisiesen regresar al puerto de
origen. La mayoría de los náufragos se negó a subir al barco, ya que la
sola idea de volver al mar les causaba pánico. Deseaban regresar a Italia
por tierra, argumentando además que el "Adria" (sobre el "Adria"
pesaba una larga historia de desventuras) era demasiado pequeño para
alojarlos convenientemente y que sus condiciones de navegación eran
malas.
El cónsul general de Italia, Ildefonso
Banus, sin ninguna
consideración hacia quienes acababan de perder a tantos de sus seres
queridos y en el mejor de los casos, todas sus pertenencias, amenazó a
los náufragos diciéndoles que si no partían en el "Adria"
quedarían en Cartagena abandonados a su suerte. Finalmente la empresa
envió al "Orione", en el que retornaron 105 sobrevivientes.
El sábado 11 de agosto llegó a Cartagena procedente de Génova y
Barcelona el vapor "Italia", con destino hacia Montevideo y
Buenos Aires, donde se embarcaron 310 náufragos.
La mayoría de los españoles había regresado a su casa en los días
anteriores por tren y a su costo. El lunes 13 arribó el "Ravenna",
de la misma compañía que los anteriores, partiendo al día siguiente por
la tarde rumbo a Brasil con 72 pasajeros del "Sirio". El "Adria",
que como vimos fue el primer buque en llegar a Cartagena, resultó el último
en partir, el miércoles 15. Allí quedaron solo algunos enfermos y varios
que se negaron rotundamente a volver a viajar por mar.
Pasados dos meses, el 12 de septiembre, retornaría a Italia posiblemente
la última náufraga, una joven que se dirigía al Brasil con su madre
para buscar trabajo. Tras perderla en el siniestro, fue alojada y cuidada
hasta su partida por la familia de un humilde obrero cartagenero.
"Las
hermanas italianas Ángel y Elisa Ferrera, de 11 y 15 años de edad,
respectivamente, han tenido noticias de su madre, a la que consideraban
perdida en las profundidades del mar. La recogió un vapor francés, dejándola
en Alicante. La alegría que les ha producido la noticia es
indescriptible."
l día 7 de agosto el Gobierno español acordó la creación de la Junta
de Socorros para atender las necesidades de los náufragos. La Junta,
dependiente del ministerio de la Gobernación y presidida por el Capitán
general del Departamento Marítimo, Marqués de Pilares, tenía por objeto
socorrer a los náufragos en todo lo que necesitasen salvo en facilitarles
dinero. Sus primeros gastos fueron pagados directamente de los Recursos Anónimos
del Estado. Más tarde, las Cortes aprobaron a petición del Gobierno una
indemnización a las víctimas con objeto de legalizar las partidas de
gastos.
De la Junta de Socorros formaban parte el Gobernador Civil de Murcia,
Ricardo de la Rosa, el Gobernador Militar de Cartagena, Vicente Salgado,
el alcalde de la ciudad Rafael Cañete, el juez de instrucción Sánchez
Doménech, el jefe de la Sanidad Marítima, José Estrella, y otras
personalidades.
EL OBISPO DE SAO PAULO
lustre náufrago del vapor Sirio fue el Obispo de Sao Paulo, Monseñor José
de Camargo, cuya muerte, tras bendecir a varios pasajeros y ceder su
salvavidas a un joven estudiante, se narra en boca de éste en otro capítulo.
Junto al obispo viajaba su secretario, el padre Manuel Viñeta, que fue
rescatado por una embarcación de Cabo de Palos.
El 21 de septiembre de 1906, mes y medio después del naufragio, aparecía
el cadáver del obispo en las costas de Argelia. Así dio cuenta El Eco
del suceso:
"Telegrafían de París que cerca de Mez Er Kebir ha aparecido
flotando en las aguas el cadáver de un sacerdote cuya sotana tiene vivos
morados".
EL DOCTOR FRANÇA
Distinguido pasajero del vapor Sirio fue también el Dr. D. Eduardo França.
Este insigne médico brasileño viajaba de regreso a Río de Janeiro junto
a su esposa y a su hija Julia, joven que, a tenor de las informaciones de
la época, debió destacar por su belleza: "La hija es una angelical
criatura de 14 años, más bella que un amanecer divino, de una esbeltez y
elegancia suprema".(EL ECO).

Fotos del acto oficial del
centenario del naufragio del Sirio en las costas de Cabo de Palos. Junto a
la Manga.
El doctor França había participado en la Exposición de Milán donde
instaló una sección de productos químicos, muy elogiada en su época,
pero que desapareció por completo en un terrible incendio que redujo a
cenizas gran parte de las instalaciones de la exposición.
De regreso de Milán, embarcó en el Sirio en el puerto de Génova junto a
su mujer y a su hija.
Cuando la noche del 4 al 5 de agosto de 1906 la muchedumbre se agolpaba en
los muelles del puerto de Cartagena para recibir al laúd Vicenta Lacomba,
en la cubierta de este pequeño barco, junto a cadáveres y pedazos de
carne humana, entre el griterío de mujeres, hombres y niños, el doctor
França lloraba amargamente por la desaparición de su esposa y de su
hija, a las que perdió de vista en la confusión de la tragedia.
Se encontraban éstas en la zona de popa. El nivel del agua subía cada
segundo y la presencia de un vapor en las inmediaciones animó a madre e
hija a lanzarse al agua agarradas a un salvavidas.
Horas después, el pescador de Cabo de Palos Bautista Buigues, patrón del
Joven Vicente, recogía en su laúd de pesca y casi sin fuerzas a la hija
y a la mujer del doctor junto a otras once personas. Todos fueron llevados
a Cabo de Palos.
La mañana del domingo se producía el encuentro, así narrado la tarde
del día siguiente por EL ECO de Cartagena:
"Familia interesante la constituyen el Dr. França, su señora y su
hija. Él es una persona muy ilustrada y agradable por demás. Fue salvado
por los tripulantes del laúd Vicenta Lacomba y conducido a Cartagena
anteayer noche. Creía que tanto su mujer como su hija hubiesen perecido y
tan grande era su dolor, que el que escribe estas líneas, aunque
acostumbrado por razones del oficio, a presenciar muchos sufrimientos y
muchas desgracias, lloró como un niño viéndolo a él derramar
abundantes lágrimas y oyéndole clamar por los seres que le eran tan
queridos.
La hija es una angelical criatura de 14 años, más bella que un amanecer
divino, de una esbeltez y elegancia suprema.
Al encontrarse con su padre, a quién creía perdido para siempre, se
desarrolló entre ambos una emocionante escena, que a todos cuantos la
presenciaron hizo verter abundantísimas lágrimas."
El doctor França, su mujer y su hija fueron recogidos en casa del médico
cartagenero Juan Solé, donde se hospedaron hasta el 17 de agosto, día en
que partieron en tren hacia Lisboa, paso previo a su embarque hasta Río
de Janeiro.
Durante su estancia en Cartagena, el doctor França colaboró en la atención
a los heridos y enfermos y participó en cuantos actos tuvieron lugar en
la ciudad, mostrándose en todo momento agradecido con los habitantes de
Cartagena y especialmente con su colega Juan Solé.
Por su parte, el cuerpo médico de Cartagena obsequió al doctor França
con un banquete en el restaurante del Balneario de San Bernardo.
"El distinguido médico del Brasil, Dr. França, salvado
milagrosamente del naufragio, como igualmente su esposa y su bellísima
hija, han regalado 500 pesetas al patrón Agustín Antolino, e igual
cantidad a Bautista Buigues, a quien él y los suyos son deudores de la
vida.
Al patrón Bautista Buigues le ha regalado además el reloj y la cadena de
oro que él llevaba al ocurrir la catástrofe". EL ECO de Cartagena,
8 de agosto de 1906.
"Este ilustre doctor brasileño que está demostrando ser persona
agradecida y de nobilísimos sentimientos, visitó ayer tarde nuestra Casa
de Misericordia, repartiendo entre los asilados y los náufragos enfermos
allí recogidos cuantiosas limosnas. Además, entregó a la Hermana
Superiora 300 pesetas para que ella las emplee o distribuya a los
desgraciados en la forma que considere más oportuna." (EL ECO de
Cartagena, 13 de agosto de 1906.)
El día 5 de octubre de 1906 se recibió en Cartagena un telegrama de Río
de Janeiro anunciando la feliz llegada del doctor França y su familia.
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Entre los supervivientes de la catástrofe estaba el arzobispo de Pará
(Estado del noreste brasileño) monseñor José Marcondes Homes de Mello.
Intensa fue su participación en los oficios religiosos que se celebraron
para las víctimas. El arzobispo se alojó junto a su compatriota, el
sacerdote Manuel Vinhietta Mexía, secretario del ahogado obispo de San
Pablo, en casa del director del Asilo y durante su estancia en Cartagena
visitó a los que por su estado quedaron internados en el Santo Hospital
de Caridad, donde se vivieron momentos de auténtico dolor.
Impresionados por el accidente o por la pérdida de sus seres queridos,
muchos enloquecieron: un hombre desesperado no cesaba de relatar una y
otra vez cómo su esposa y sus seis pequeños hijos desaparecían entre
las olas, sin que pudiera hacer nada para salvarlos. Sólo él había
quedado vivo. Una mujer cayó en insondable y profunda perturbación, tras
perder a su marido y a sus cuatro hijitos. De Barcelona llegó la noticia
que una familia entera de Olesa de Montserrat había embarcado hacia América,
quedando en la tierra natal sólo la abuela. Cuando ésta recibió la
noticia de la muerte de todos sus familiares, enloqueció y se suicidó.

Fotos del acto oficial del centenario del
naufragio del Sirio en las costas de Cabo de Palos. Junto a la Manga.
El arzobispo tuvo palabras de consuelo para los dolientes, agradeciendo
los sentimientos caritativos del pueblo cartagenero y enfatizando que jamás
olvidaría "...a la noble y hospitalaria ciudad... que tan espléndidamente
practica la virtud de la Caridad".
Al día siguiente, Marcondes presidió un réquiem, mientras que a las
10.00 de la mañana en Santa María de Gracia se celebraron con gran
solemnidad honras fúnebres en sufragio de las víctimas, con la presencia
de todo el clero diocesano y castrense. El arzobispo de Pará asistió
acompañado por el Ilustrísimo Vicario Castrense y el Arcediano de
Toledo, Doctor José de Rizo y López. En los días siguientes se
oficiaron otras ceremonias, fueran de honras fúnebres como de acción de
gracias por el socorro y la salvación de los náufragos.
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