Al Otro lado de La Vida

 

Escritor. Poeta. Novelista

 



Es un cuento para todas las edades. Es el galopar de la mente en el desconocido extremo del más allá...

120 páginas

Editado: 2003



Prólogo

Después de la ultima obra publicada por Rogelio García Galindo, "El Tío Antolino", convertida por merito propio en un referente de la literatura cartagenera y de la que guardo muy grato recuerdo, vuelvo a enfrentarme a unas primeras paginas de un nuevo libro de este escritor afincado desde hace muchos años en Cabo de Palos.

 

En una primera lectura, descubro sin asombrarme que el protagonista de "Al otro lado de la vida", titulo de esta obra es un niño de catorce años. Cuando me comento por primera vez que estaba trabajando en un nuevo cuento, ya imagine que su protagonista no podía ser otro que un niño.

 

Y es que Rogelio siempre ha sentido una pasión muy especial por los niños. Niños que para Rogelio significan pureza, pensamiento libre e independiente, aun sin adulterar, pero enfrentado personalmente contra una sociedad que va reduciendo poco a poco la duración de esta etapa de la vida y a la que Rogelio se aferra con una fuerza casi sobrenatural.

 

Así, "Al otro lado de la vida" se convierte en la tercera obra del autor, cuyos principales personajes; así como su historia tiene como eje principal a un niño de corta edad. "El Pastor de las Roquetas" y "El Tío Antolino" fueron sus predecesores, ambos repletos de ternura, de esa ternura infantil que la propia vida se encarga de destruir con el paso de los años.

 

Seguro de sí mismo, en este cuento dirigido a niños y niñas de todas las edades, Rogelio García Galindo nos muestra un sentido del humor transparente y espontáneo y nos ofrece su especial y singular visión del "mas allá", para todos aquellos que quieran o se atrevan a captarla. Lo importante no es el Dios, sino la creencia, me ha repetido el autor en alguna que otra ocasión.

 

Independiente de su edad, Rogelio en muchas facetas de su vida hace aflorar esa parte importante del niño que fue, que sigue siendo y que por diferentes causas y avatares de la vida no pudo disfrutar de una infancia cómoda. Lo cierto es que ni cómoda ni incomoda, sencillamente no pudo disfrutarla, por ello, sus narraciones están habitadas de esos seres lucidos que son los niños.

 

La familia, la infancia, la muerte, el mas allá, son temas que Rogelio ha sabido trenzar con especial habilidad en este relato. Un relato sobre el destino y las muchas confusas maneras que tiene de aparecerse. Una historia basada en la relación que existe entre realidad e imaginación, conjugando magistralmente pensamiento y sentimiento, sin pretender un significado a la historia.

 

Y como no, "Al otro lado de la vida" sitúa a Pablo Manuel, su protagonista, en Cabo de Palos, esa pequeña población cartagenera de la que Rogelio se siente hijo adoptivo y a la que ensalza permanentemente en sus libros, sin que muchas veces esa pasión sea correspondida.

 

Con un estilo sereno, muy preciso y atrapado por sucesos cotidianos, a lo largo de la lectura de este relato, el lector tendrá ocasión de comprobar que sus registros estilísticos se encuentran desnudos de artificios y busca la sencillez.

 

Una sencillez que el autor muestra en cada uno de nuestros largos cuentos. Ante mis comentarios, sobre su capacidad de trabajo y de producción, literaria, Rogelio siempre repite una y otra vez lo mismo, que la historia esta ahí, flotando en el aire, a la espera de que llegue alguien dispuesto a contarla. Así de sencillo le parece.

 

Pero lo cierto es que es muy difícil mostrar un apasionamiento tan brutal a la hora de escribir. Rogelio alcanza ese grado en cada párrafo que mecanografía, en cada historia que inventa en el momento y lugar mas inesperado. Ve una historia en cada niño que se cruza en su camino, en cada injusticia, en cada conversación con viejos y nuevos amigos, en sus recuerdos. Unos recuerdos totalmente lucidos, cargados de un batallón de datos que debo confesar que a veces me desbordan.

 

Su vida, en lo personal, en lo profesional, en lo literario, no ha sido, ni mucho menos, un camino de rosas. Pocos apostamos por sus libros, nadie le ha regalado nada, solo su propia fe en la literatura, en su labor de narración y en el contacto directo con sus lectores le han mantenido en pie. Una legión de lectores muy poco ruidosos, pero dispuestos a recomendar sus lecturas a amigos, familiares y vecinos. Rogelio sabe que cuenta con ellos, con sus lectores incondiciones, también los mas críticos.

 

Escritor sin descanso, casi compulsivo, en su trayectoria literaria cuenta con seis libros en su haber, poesía y narrativa, consagrándose como uno de los escritores cartageneros contemporáneos mas relevantes. Durante este año, al menos otros tres nuevos títulos verán la luz, asegurando que lo suyo es la literatura, aunque confiesa que en varias ocasiones ha estado tentado de tirar la toalla y dedicarse a otra cosa, pero no puede. Sus relatos son la caverna donde se esconde.

 

Pero ante todo, Rogelio es un escritor rabiosamente independiente. Su literatura pasa directamente de escritor a lector, limpia, sin intermediarios que la adulteren. Muy alejado de la comercialización, celoso de su independencia y orgulloso de ella, ha conseguido situarse en una posición en la que puede decir lo que quiere. El mismo se define como un tipo que cuenta historias lo mejor posible y que además, no tiene intención de cambiar.

 

Ha sido capaz de consagrar su vida a ofrecerse a si mismo en sacrificio, un sacrificio que consiste en volver las espaldas a la injusticia, a la sin razón, devolviéndole al mundo a través de sus narraciones, la pureza que hace tiempo perdió. Porque es un escritor nada egoísta y siempre escribe para los demás, no para si mismo, un defecto de muchos escritores. Con sus relatos, Rogelio solo pretende contribuir a la felicidad del hombre (casi nada), así de sencillo o de complejo, depende de como queramos verlo.

 

Lo cierto es que "Al otro lado de la vida" es un cuento absolutamente recomendable, que nos vuelve a descubrir a un Rogelio García Galindo en plena forma.

 

Contraportada

 

Solo he pretendido llevar al interior de estas paginas una entretenida leyenda que, parte de la misma, ha sido arrancada de una cruda realidad. Una realidad que yo me atrevería a decir que galopa a la grupa del interior del inconsciente de todos los seres humanos.

¿Quién no ha sentido alguna vez dentro de su pecho el estallido de un lejano despertar acariciado por la luz de la esperanza, la que llega a penetrar en el mas suntuoso exponente de las murallas de la fe?. Esa fe que, cuando no se llega  a conocer la que se supone verdadera, el hombre la fabrica a su manera, la cual no se atreve a confesar en voz alta, a pesar que viene durmiendo en su interior desde el primer destello de luz que vieron sus ojos al nacer y que, a lo largo de la existencia del hombre, dicha fe ha ido tomando cuerpo en las esquilas de su alma; en la mayoría de las veces trata de convencerse así mismo de que solo fue un sueño inventado por "un loco" que fue capaz de prender un fuego que, a medida que el tiempo pasa, va radiando mas calor.

En resumen, ¿quienes serian capaces de negar que AL OTRO LADO DE LA VIDA, no se encuentra el silencioso encanto de la inmortalidad?.




 

 











 

La playa de Levante era el más frecuentado lugar por la juventud del pueblecito en que vivía Pablo Manuel con sus progenitores y demás familia.

 

 

 

 

 

...,en el perfume de sus algas cuando las arrullan los temporales del Este a la playa de Levante

 

 

 

 

 

 

Para enamorarse de este lugar no hace falta realizar ningún esfuerzo, basta sólo con mirar en cualquier día del año los destellos de la luna en el mar.

 

 

 

 

 

 

Te da la sensación de que está bordado de lentejuelas de plata, cuando la bate esa brisa ligera al ábrego.

 

 

 

 

Porque con los destellos de dichas lentejuelas que van salpicando las claras aguas, éstas de dejan acariciar de las miradas.

 

 

 Llegas a pensar que los ojos de la luna son estampas tatuadas en la llana superficie del mar.