Los Esclavos del Oro Blanco

 

Escritor. Poeta. Novelista

 



Homenaje a aquellos esclavos del destino alo que les toco sufrir los arañazos del oro blanco (la sal).

214 páginas

Editado: 2004



 Prólogo de Carmen Peralta Pastor     Directora titular

Conocí a Rogelio por asuntos literarios y, a través de ese esplendido canal, he ido entrando en el hombre que hay detrás del autor; ambas cosas van tan fusionadas que es difícil separar.

Rogelio da vida a sus personajes, pero la verdad es que sus personajes están tan vivos en el que vibra con sus sentimientos y se acongoja con sus sufrimientos y, hasta diría, que llora su muerte cuando la historia le exige hacer pasar a otra vida a uno de ellos. Por eso cada libro es un trozo de vida palpitante, sobre todo los que nos narran el transcurrir de ese mundo marinero tan vinculado a Cabo de Palos, los que nos hablan de ese niño  singular unido sentimentalmente al Tío Antolino, -primer libro de estas hermosas historias-, después cabeza de familia y protagonista de "Los Esclavos del Oro Blanco", el libro que está en las manos del lector.

Pone el autor tanta pasión en su obra que por mucha que se pierda al pasarlo al frío papel y su distancia sea grande de cuantos cogemos el libro para leerlo, todavía nos llegan las palpitaciones de su potente afectividad y rica fantasía; por eso los diálogos, las situaciones de cada uno de los personajes se perciben calientes, vivas, y logran meternos en su clima.

Pero entre investigación (porque me consta que indaga aquí y allá datos históricos) y creación, a cuantos entramos en sus libros, nos familiariza con la historia de esa localidad marinera tan llena de vicisitudes que el mar le va llevando a sus costas y que les ha exigido a sus habitantes, en mas de una ocasión, ser heroicos arriesgando sus vidas para salvar a los náufragos de embarcaciones encalladas en sus rocas.

El libro es un trozo de vida narrado con la frescura de lo que brota a borbotones desde el corazón y que solo pasa por la cabeza para buscar con urgencia la expresión que se necesita para expresar en lenguaje comprensible lo que se quiere decir; no hay tiempo de relamerse en retoques embellecedores, de pararse en sutilizas lingüísticas que adornen el relato. La narración es sencilla y directa como la vida misma, sobre todo, como la vida de sus personajes. Leerlo te impregna de olor a mar, te hace testigo de la dureza de aquellos tiempos que son los cimientos del progreso actual; el bienestar de ahora no nos debe hacer olvidar la historia de los antepasados a quienes les debemos admiración y gratitud. Ese es quizás, el fondo de estos, de este libro de Rogelio García Galindo.

Contraportada

Sea la presente obra un homenaje a aquellos esclavos del destino, a los que les tocó sufrir los arañazos del oro blanco (La sal). Estamos seguros de que no fue solamente en Cabo de Palos donde los mazazos de la contienda civil española derramo sobre sus habitantes los dolores mas espantosos y no menos difíciles de soportar.

 

Pero como no podemos dar un testimonio de otros lugares, nos limitaremos a lo que fue en este rincón ribereño del Mediterráneo. Nos referimos a esos que no fueron solamente herederos de la destrucción y las secuelas del hambre de dicha contienda. Por supuesto que también reino la ternura y el amor dentro del seno de las familias de los habitantes de este pueblo. No todo fue desolación y sinsabores, ya que es estas gentes siempre predomino el mas emblemático exponente de la unidad familiar...

 

La rudeza exterior del carácter de los pobladores de este lugar, nunca fue el verdadero espejo de la nobleza que anidaba, y que aun sigue predominando en la decencia de aquellos, como destellos de bondad en el interior de sus corazones, ya que en ellos solo se pudo y aun se puede descubrir los bellos sentimientos, con los que siempre han sido capaces de vencer todas las adversidades que el destino les haya depara

 




 

 










"Toda la costa mencionada parecía que estaba cubierta por un banco de enormes delfines muertos.

Cuando entre los habitantes de Cabo de Palos de corrió la voz, no os podéis figurar la que se organizó;

 no quedó un ser humano del lugar que no se encontrara al pie de uno de aquellos voluminoso sacos de harina,

 con los que cada cual se había hecho a la idea, de que remediaría el hambre de sus familias, por supuesto que entre aquellos estaba yo."